Desayune lo más rápido que pude y salí de casa dispuesta a hacer mi trabajo. Llamé a mi jefe esperando indicaciones. Su respuesta me sobresalto.
-Señorita Bennet, esperaba su llamada. La necesitamos en la oficina ahora mismo. Hay algo que debe ver. La he cambiado de grupo. Ya hablaremos cuando llegue.-Y me colgo, solo eso. Ni un buenos días ni un adiós. Fruncí el ceño ante sus palabras y su reacción. ¿Cambiarme de grupo? ¿Y eso por qué? Subí al coche con esas y muchas preguntas más. Muchisimas preguntas más.
A lo lejos, unos ojos verdes observaban la escena sin acercarse. Tenía que protegerla... no dejaria que ae la arrebataran otra vez. Pero tampoco podía estar con ella... eso desencadenaria la maldicion y el odio de Thor hacia la chica provocarían sus deseos de matarla. Quiza si ella no se enamoraba de él la maldición no tendría sentido y se rompería.... solo eran suposiciones, pero debía intentarlo. Observó como la chica apretaba el acelerador y se perdía en la noche del amanecer.Loki se preparo mentalmente para el sufrimiento que iba a pasar y una lágrima cayó hacia el oscuro asfalto. Sabía que jamás podria tocarla, que no podría estar cerca de ella. Alzo su cabeza con ira hacia el cielo y de sus pulmones salió el grito más desgarrador jamás escuchado.
-PAGARAS POR ESTO PADRE. JURO QUE LO HARÁS.-Loki se dió la vuelta desesperado. Quizá la solución era olvidar todo. Olvidarse de ella y dejar que todo siguiera su curso, dejar que muriese. Al final de todas formas la iba a perder, más valdria no tenerla nunca... y de hecho esta chica no se parecía a todas las anteriores, quizá si la conocía y demostraba que no era como ellas no se enamoraría... otra suposición como todas las demás. Decidió que quizá deberia conocerla.
En el fondo Loki sabía que se estaba mintiendo a si mismo, sabía que buscaba excusas para acercarse a ella. Pero había muchas cosas que él no sabía. Solo una persona sabía como iba a acabar todo y una sonrisa se formo en la cara de aquel hombre sentado en un trono en un gran salón con medios arcos y grabdes columnas desde donde veia el cielo de Asgard. Sabía que ese momento tarde o temprano llegaria y se alegró por ello. Pero también sabía que mucha gente parecería en ese camino, gente que quizá no se lo merecía. Por eso Odin preparo meticulosamente su próximo movimiento. Otorgaria uno de los dones más preciados por los dioses a esa persona que, a pesar de ser humana, era una pieza clave en aquel ajedrez.
El camino se me hizo mucho más largo de lo normal. Aún no había amanecido y la oscuridad dominaba todo. Mi cabeza daba vueltas una y otra vez a las palabras de mi jefe sin llegar a deducir todavía por qué haría tal cosa. Conduje hasta el aparcamiento subterráneo y aparqué en mi plaza con el corazón acelerado. Estaba nerviosa y en realidad no sabía porqué. Bajé del coche y me encaminé hacia el ascensor. Iba tan concentrada en mis pensamientos que choque con una chico. En cuanto nuestros hombros se chocaron un estremecimiento me invadió y todo mi cuerpo se estremeció. Alcé mi mirada y me encontré con unos ojos verdes que me miraban atentos. Una extraña descarga se envió a todo mi cuerpo y no pude apartar mi mirada de él.
-Lo... lo siento-musité avergonzada. Él entomces mostró una sonrisa que me corto el aliento por un instante. Mi corazón se aceleró y por un momento creí que se me iba a salir del pecho. Respire hondo para tranquilizarme.
-No te preocupes.-Su voz sonó demasiado sensual y atractiva. Los nervios se instalaron permanentemente en mi estómago. Sonreí en respuesta y volví a respirar hondo. Me movi un paso hacia mi izquiera para llegar al ascensor. Cuando avance su mano y la mia se rozaron sin querer y volvi a estremecerme. Me quedé quieta con los ojos cerrados. Era una sensación demasiado placentera. Me di la vuelta para poder hablarle, preguntarle quien era, que hacía allí. Pero cuando giré me encontré con la nada más absoluta. Se había... esfumado... ya no estaba. Fruncí el ceño y la convicción de que me había vuelto loca se agravó hasta límites insospechados. Volvi a girar sobre mis talones y inconscientemente me acaricie la mano donde sentí su roce... ahí seguía aquella sensación. Me convenci de que no me lo había imaginado, aunque todo fuera en contra de ese pensamiento.
-Señorita Bennet, esperaba su llamada. La necesitamos en la oficina ahora mismo. Hay algo que debe ver. La he cambiado de grupo. Ya hablaremos cuando llegue.-Y me colgo, solo eso. Ni un buenos días ni un adiós. Fruncí el ceño ante sus palabras y su reacción. ¿Cambiarme de grupo? ¿Y eso por qué? Subí al coche con esas y muchas preguntas más. Muchisimas preguntas más.
A lo lejos, unos ojos verdes observaban la escena sin acercarse. Tenía que protegerla... no dejaria que ae la arrebataran otra vez. Pero tampoco podía estar con ella... eso desencadenaria la maldicion y el odio de Thor hacia la chica provocarían sus deseos de matarla. Quiza si ella no se enamoraba de él la maldición no tendría sentido y se rompería.... solo eran suposiciones, pero debía intentarlo. Observó como la chica apretaba el acelerador y se perdía en la noche del amanecer.Loki se preparo mentalmente para el sufrimiento que iba a pasar y una lágrima cayó hacia el oscuro asfalto. Sabía que jamás podria tocarla, que no podría estar cerca de ella. Alzo su cabeza con ira hacia el cielo y de sus pulmones salió el grito más desgarrador jamás escuchado.
-PAGARAS POR ESTO PADRE. JURO QUE LO HARÁS.-Loki se dió la vuelta desesperado. Quizá la solución era olvidar todo. Olvidarse de ella y dejar que todo siguiera su curso, dejar que muriese. Al final de todas formas la iba a perder, más valdria no tenerla nunca... y de hecho esta chica no se parecía a todas las anteriores, quizá si la conocía y demostraba que no era como ellas no se enamoraría... otra suposición como todas las demás. Decidió que quizá deberia conocerla.
En el fondo Loki sabía que se estaba mintiendo a si mismo, sabía que buscaba excusas para acercarse a ella. Pero había muchas cosas que él no sabía. Solo una persona sabía como iba a acabar todo y una sonrisa se formo en la cara de aquel hombre sentado en un trono en un gran salón con medios arcos y grabdes columnas desde donde veia el cielo de Asgard. Sabía que ese momento tarde o temprano llegaria y se alegró por ello. Pero también sabía que mucha gente parecería en ese camino, gente que quizá no se lo merecía. Por eso Odin preparo meticulosamente su próximo movimiento. Otorgaria uno de los dones más preciados por los dioses a esa persona que, a pesar de ser humana, era una pieza clave en aquel ajedrez.
El camino se me hizo mucho más largo de lo normal. Aún no había amanecido y la oscuridad dominaba todo. Mi cabeza daba vueltas una y otra vez a las palabras de mi jefe sin llegar a deducir todavía por qué haría tal cosa. Conduje hasta el aparcamiento subterráneo y aparqué en mi plaza con el corazón acelerado. Estaba nerviosa y en realidad no sabía porqué. Bajé del coche y me encaminé hacia el ascensor. Iba tan concentrada en mis pensamientos que choque con una chico. En cuanto nuestros hombros se chocaron un estremecimiento me invadió y todo mi cuerpo se estremeció. Alcé mi mirada y me encontré con unos ojos verdes que me miraban atentos. Una extraña descarga se envió a todo mi cuerpo y no pude apartar mi mirada de él.
-Lo... lo siento-musité avergonzada. Él entomces mostró una sonrisa que me corto el aliento por un instante. Mi corazón se aceleró y por un momento creí que se me iba a salir del pecho. Respire hondo para tranquilizarme.
-No te preocupes.-Su voz sonó demasiado sensual y atractiva. Los nervios se instalaron permanentemente en mi estómago. Sonreí en respuesta y volví a respirar hondo. Me movi un paso hacia mi izquiera para llegar al ascensor. Cuando avance su mano y la mia se rozaron sin querer y volvi a estremecerme. Me quedé quieta con los ojos cerrados. Era una sensación demasiado placentera. Me di la vuelta para poder hablarle, preguntarle quien era, que hacía allí. Pero cuando giré me encontré con la nada más absoluta. Se había... esfumado... ya no estaba. Fruncí el ceño y la convicción de que me había vuelto loca se agravó hasta límites insospechados. Volvi a girar sobre mis talones y inconscientemente me acaricie la mano donde sentí su roce... ahí seguía aquella sensación. Me convenci de que no me lo había imaginado, aunque todo fuera en contra de ese pensamiento.